Hafiz tiene el placer como motivo continuo. Sus versos anhelan un mundo presidido por el jardín donde la vida transcurra plácidamente entre aromas, bebidas y miradas de coperos. Para Hafiz el poeta es un menestoroso del deseo, un enamorado del morir y un amante, por tanto (como en el Amor cortés) del amor mismo. Soy el amante de mi amor; dirá. Lo que importa es subir en la escala del deseo, arder, ir a más, extasiarse, incendiarse, traspasarse, desaparecer en puro ardor, consumarse. Estos refinamientos eróticos con sombra tutelar platónica tenían tan esmerandamente persas y árabes Versión francesa de Charles Devillers. Traducción de Enrique Fernández Latour