La historia del espectáculo a lo largo de dos siglos es una historia feliz: colmada de sonrisas y satisfacción; es una historia de buenos recuerdos, de momentos memorables, de nostalgia, aplausos, silbidos y ovaciones; es un elemento esencial de la vida cotidiana que ha acompañado a muchas generaciones en épocas aciagas y prósperas. El espectáculo en vivo refleja el sentir de una era, enriquece espíritus y disipa las nubes que oscurecen el resplandor cotidiano. Transitar por dos siglos de espectáculos es acercarse a los sucesos extraordinarios de la vida ordinaria; a la construcción y funcionamiento de foros legendarios, a los artistas que marcaron su tiempo, a los promotores que decidieron arriesgarse por ofrecer un momento de diversión al desconocido, a las puestas en escena que levantaron ovaciones, a las innovaciones escénicas que dejaron boquiabiertos a chicos y grandes. La esencia de los espectáculos no cambia. Es la misma que entusiasmó a los abuelos, padres e hijos.