La historia, al menos en el último milenio, está marcada por momentos críticos en los que pueblos enteros, cansados de soportar circunstancias adversas, deciden alzar la voz y exigir un cambio. La Edad Media, sobre todo la segunda mitad del siglo XVI, no fue la excepción: hubo movimientos insurreccionales cuyo desarrollo inicial parece indistinguible de las revoluciones modernas más radicales. Esta obra relata cuatro de las insurrecciones más asombrosas y rebate a los historiadores que, durante siglos, las han considerado anomalías sin un objetivo consciente. Nada más lejos de la realidad: los rebeldes sabían lo que hacían, tenían reivindicaciones específicas y lucharon conscientemente por alcanzarlas.