El estrabismo multiplica la imagen porque la mirada no puede centrarse. Ojos desalineados, torcidos. La biología ocular queda trunca; cada ojo adquiere una autonomía inesperada. Lo que debía ser uno es más de uno. No más profundo, no hacia el interior, sino en la superficie, aquí y allá; mirada en fragmentos, en partes que se superponen, un mismo espacio repetido en caras diferentes.