La situación contemporánea ya no admite la creencia en un futuro brillante que concilie el progreso económico y el progreso social. Pero lejos de instalarse en la queja y el pesimismo, Laville introduce un elemento clave para esta relación compleja entre democracia y economía: la sociedad civil y sus asociaciones. Estas, con sus agendas de acciones y sus recursos llenos de sentido, son una palanca para superar esa alternativa recurrente y desastrosa entre la omnipotencia y la impotencia de lo político con respecto a la economía.
Laville ve en el asociacionismo, definido como proyecto constituido a partir de acciones colectivas realizadas por ciudadanos libres e iguales en aras de un bien común, la reconquista del concepto de solidaridad y la posibilidad de construir espacios públicos autónomos y una dimensión económica democrática. Y por ello propone retomar el hilo histórico del quehacer asociativo, reexaminar sus actuales funciones y clarificar los conceptos que, a su alrededor, presiden los debates de hoy en día.