Ella se siente viejísima con sólo veintitrés años, se va porque no puede o no quiere quedarse, peregrina de Madrid a Málaga, de Heilbronn a Heidelberg, siempre con el síndrome de la valija , se establece en un sitio como Berlín que es la perfecta metáfora de la idea del otro lado , sobrevive por momentos alimentada como los pájaros, con el alpiste de la compasión y vuelve diez años más tarde a la Argentina para enamorarse de un hombre y cavilar: Me había ido para irme, simplemente .