Homero ha fascinado a cientos de generaciones. En torno a él y su obra se han urdido tantas historias como lectores han entrado en su mundo irresistible. Y, a pesar de esto, como todos los dioses fundadores, nos dejó huella inequívoca de su existencia y los sitios en que se desarrollaron las hazañas y las aventuras que narra pertenecen por derecho propio a la imaginación colectiva.Por esta razón, me asiste el derecho a urdirle nuevos castillos fantasmagóricos donde pueda entrar, ser objeto de reverente y a veces contestataria hospitalidad y tener la experiencia, que tal vez le sea grata, de que sus deidades, sus héroes, y sus imperecederos mortales están sumamente atareados en sobrevivir... y siempre lo logran. El lugarteniente del gran bardo ha de ser, ex officio, Odiseo, su creación excelente, humilde, humana.Ernesto de la Peña.