Este curioso recetario del siglo XIX reúne gastronomía y literatura. Su autora mezcla en el caldero sudamericano sabores y saberes: historias, costumbres, anécdotas que convierten las recetas en relatos. Enviadas por las amigas, dibujan el mapa de su vida itinerante: mojarras de Salta, dorado de Metán, chicha de La Paz, estofado de Arequipa, pachamanca de Lima, sopa de Cuzco, alcachofas de Limache, borrachitos de Montevideo, y toques lejanos de Nueva York, Dublín, Sevilla o París. El libro resulta ser una precoz afirmación de la mujer moderna, no escindida por prejuicios, que puede estar con igual solvencia en la cocina o el escritorio, entre las ollas o con la pluma. Al elegir una materia subestimada, Gorriti expone su fama de novelista romántica, se sitúa en una zona inestable, cruza fronteras, pero el tiempo le da la razón: añade valor literario al arte de la fina manyancia.