Como una niña que se niega a comer lo que está en su plato, la protagonista de este libro no entendió las líneas que pasaban ante sus ojos, escupiendo palabras. Le gustaba la brevedad y las imágenes de los poemas, pero no tocaría las grandes novelas. Cuando era niña, creía que había una palabra para cada sensación y objeto, hasta que cuando era adolescente descubrió que las palabras eran imprecisas, inexactas y rígidas. Es decir, hasta que todo cambió, muchos años después.