Annabelle ha decidido que su corazón está fuera de servicio y a las órdenes exclusivas de su cerebro. En Terminal de Ciencias, no existe nada fuera de su trabajo. Y no se trata sólo de aprobar la selectividad; tiene que ser la mejor. ¿Los chicos? Simples compañeros. Y tampoco cambiará nada Samuel, el hijo del embajador de los Estados Unidos caído en paracaídas en su clase. Annabelle acepta dedicar dos horas al día a hablar en francés con él, con la condición de que no la retrase en su camino hacia la excelencia.