La presente obra es un tratado inconformista sobre por qué no somos tan buenos para pensar como suponemos, y de cómo podemos recuperar este arte perdido para salvar nuestra vida interior del caos de la vida moderna.
Alan Jacobs, crítico cultural, escritor y colaborador de publicaciones de renombre en Estados Unidos como The Atlantic y Harper’s, ha vivido su adultez en medio de comunidades que suelen chocar en la guerra cultural estadounidense y,
por extensión, en la sociedad global del siglo xxi. Y con los años que Jacobs lleva confrontando las grandes problemáticas que nos dividen –sean políticas, sociales o religiosas–, ha aprendido que muchas de nuestras disputas más encarnizadas no ocurren porque estemos condenados a permanecer desunidos, sino más bien porque las personas involucradas simple y llanamente no piensan.
Dice Jacobs que muchos de nosotros no queremos pensar. Pensar es un problema: puede obligarnos a dejar hábitos familiares y reconfortantes, e incluso puede poner en riesgo nuestras relaciones con quienes compartimos ideas. Pensar también es un acto que ocurre despacio, y eso representa un contratiempo cuando nuestros hábitos de consumo de información (sobretodo en línea) nos dejan a la deriva ante la vorágine de las redes sociales, de las rencillas partidistas
y del sesgo de confirmación.
En este ingenioso y ocurrente libro, Jacobs diagnostica las incontables fuerzas que actúan en nosotros para inhibir el pensamiento; fuerzas que solo se han acentuado en la era de las redes sociales, de los ´hechos alternativos´ y de la sobrecarga informativa. El autor también disipa los diferentes mitos que tenemos en torno a lo que significa pensar bien, por ejemplo, es imposible ´pensar por uno mismo´.
Basándose en referentes tan variados como la novelista Marilynne Robinson, la leyenda del baloncesto Wilt Chamberlain, el filósofo británico John Stuart Mill y el teólogo cristiano C. S. Lewis, Jacobs se sumerge en los pormenores del proceso cognitivo y nos da la esperanza de recuperar nuestra vida mental de aquellas trabas que nos asedian a todos. Porque si podemos aprender a pensar juntos, quizá también podamos aprender a vivir juntos.