El conde de Lucanor consulta a su consejero Patronio sobre diversos asuntos, en su deseo de obrar siempre cuerdamente. Este ultimo le relata, en cada caso, un cuento o apólogo, del que se desprende lo que debe hacer o no el conde. Cada uno de estos ejemplos termina en una moraleja escrita en verso. Hasta aquí la estructura del libro. Pero lo que hace de esta obra una verdadera joya de la prosa castellana es su estilo: sencillo, sobrio, sin los ornamentos retóricos que definen a las literaturas precedentes.