Sí, confieso que he leído... ¡Hola! Lo confieso ruborizada, con la mirada turbia y las manos temblorosas. Como se confiesa una adicción.... Es la voz de una de las mejores amigas de Sofía que, con profunda frustración y angustia, confiesa lo que miles de lectores no se atreven a expresar abiertamente: que han sucumbido al encanto hiperkitsch de las aspiraciones imposibles y las vidas paralelas