Prol., Susana Meden Desde hace ya varios años las bibliotecas y los archivos ya no sólo facilitan a sus usuarios materiales en soporte papel (libros, revistas, folletos, documentos, etc.) sino que la oferta se ha ampliado muchísimo, incluyendo los nuevos (y no tan nuevos) soportes audiovisuales. Ante esta situación los profesionales de la información se ven enfrentados a distintas alternativas tanto para su correcto procesamiento como para su preservación y conservación. El deterioro de estos materiales es casi inevitable con el paso del tiempo. Sus distintos componentes orgánicos no son eternos, pero además presentan otro problema aún más grave, que es del cambio constante de formatos.