De 1767 a 1867, México pasó de ser un reino católico a ser una república confesional. En el curso de cien años, conoció los esfuerzos reformistas de los últimos reyes borbones, el desmoronamiento de la monarquía hispánica, la revuelta por la independencia nacional y la lucha del liberalismo por hacerse con el control del Estado hasta conseguirlo de modo estable en 1867.