A veinte años de la muerte de Julio Cortazar, esos textos se nos aparecen como testimonios vigentes del anhelo por un camino propio que expresa nuestra cultura. Vayan entonces estas páginas como agradecimiento y humilde homenaje a aquel tan querido cronopio que, a través de sus escritos, sigue rebelándose contra la ortodoxia y los aminosos poderes dominantes.