La biblioteca de Medellín es una arbitraria pero deliciosa selección de 25 libros imprescindibles para el lector antioqueño, en la que sus editores creen encontrar los elementos necesarios para un trabajo arqueológico de interpretación del ciudadano local. No se limita ningún género y, con cierto agrado, en la elección de los títulos fueron muchos los expertos consultados. Las publicaciones se presentan al lector desprevenido, sin los condicionantes amañados de los exegetas de la época. Como sustancia prima para su propio análisis. En las ediciones facsimilares se respeto su grafía particular. Los 25 volúmenes son memoria. Al recuperarlos límpidos se respetan las intenciones primarias de sus autores. Y pretenden, contrario a lo que buscó el emperador chino, que simultánea a la construcción de la gran muralla hizo quemar todos los libros del reino, hacer justicia a los recuerdos comunes de un territorio. Porque la capacidad de perversión de las formas de olvido del mo