La civilización romana ha sido considerada un portento dentro de la historia de la humanidad gracias a sus aportaciones al mundo occidental, entre las que destacan el Derecho, que evolucionó paralelamente a las circunstancias y las necesidades del pueblo; el latín, clave del proceso cultural en el imperio y finalmente la religión, que permitió a los romanos adoptar diversas deidades extranjeras en un ambiente de gran tolerancia.
En el terreno de las artes plásticas, el pueblo romano brilló especialmente por su arquitectura a la que imprimió un sello de grandiosidad, pues construyeron obras imponentes como foros, acueductos, circos, arcos del triunfo y baños o termas, que complementaron con sus conocimientos sobre ingeniería física e hidráulica.