En la antigüedad vivía un rey semibárbaro, cuyas ideas, aunque un tanto pulidas y agudizadas por el progresismo de sus lejanos vecinos latinos, todavía eran amplias, floridas y libres, como correspondía a su mitad bárbara. Era un hombre de fantasía exuberante y, además, de una autoridad tan irresistible que, a su voluntad, convertía sus variadas fantasías en hechos. Era muy dado a la comunicación consigo mismo y, cuando él y él mismo se ponían de acuerdo en algo, se hacía. En este punto se plantea la pregunta al lector: "¿Salió el tigre por esa puerta o la dama?" La pregunta no tiene respuesta y se deja como un experimento mental sobre la naturaleza humana.