"Los poemas de Ak’abal nos cuentan cómo son los pueblos de verdad. Pueblos en los que los espantos se esconden en lugares oscuros y las abuelas los chicotean con ramas de arrayán. El cielo de estos pueblos puede tocarse con los dedos y las estrellas se ven tan cerca que pareciera que nos van a caer sobre la cabeza. Los pueblos tienen iglesia, marimba y caminos que lamen los pies de los caminantes."