La fase actual del desarrollo capitalista se resume en una gigantesca concertación del poder que se trasladó de lo político a lo económico alcanzando su comunicación a través de la llamada “globalizaciónö. Anclada en el “nuevo orden mundialö y refugiada en el neoliberalismo autocomprendido como todo un modelo civilizatorio, la globalización pretende ser un impulso económico y cultural para la nueva ola de las democratizaciones en el mundo. Sin embargo, su carácter excluyente y su complicidad con las estrategias neoliberales antidemocráticas demuestran con claridad que la enorme concentración de los poderes financiera, política, tecnológico y militar está en función de los intereses particulares de los grandes centros hegemónicos tradicionales.