En la Argentina de las antinomias, federales-unitarios, civilización-barbarie, puerto-interior, peronistas-antiperonistas, siempre ha estado vigente la lucha entre los partidarios del statuquo dependiente y los que queremos el cambio para la independencia nacional.Los argentinos reclamamos algo más que la unión nacional. Hoy es menester procurar una identidad del querer común de la argentinidad. Si la unión nacional de 1853 salvó a las Provincias Unidas de la secesión, la unidad nacional debe salvar a los argentinos de la disociación. La unidad nacional es el nuevo valor político a lograr que no admite dilación temporal, mezquindad política, cobardía moral, capitulación económica, ni subordinación cultural. Este objetivo no se negocia, es el presupuesto del programa nacional y punto de partida para una democracia ininterrumpida.A través de un programa nacional nacido de la participación de todos los sectores políticos y sociales, será posible el cambio que permita edificar un país democrático. De los contrario, continuará el ciclo de interrupciones institucionales que dejaron en la historia un lamentable saldo de democracias frustradas y revoluciones inconclusas. Entiéndasenos bien, queremos vivir en democracia, pero también queremos que dure para siempre.