Ningún género de la literatura española se puede comparar, en términos de la cantidad de obras que produjo y el entusiasmo que suscitó en su tiempo, con los Libros de Caballerías. Durante todo el siglo XVI, y aun después, villanos y nobles, clérigos y seglares, ciudadanos y campesinos, disfrutaron sin respiro de las historias de los caballeros errantes. Carlos V, Francisco I, santa Teresa de Jesús o san Ignacio de Loyola, y por supuesto Cervantes, figuran entre sus más apasionados lectores.