En esta obra se presenta un análisis histórico-jurídico sobre los acontecimientos que hicieron posible la transición, en el territorio que hoy es México, de la impartición de la justicia del rey español a la justicia de la ley. En primer lugar, se examina el escenario de la cultura mexica, su régimen jurídico y su sistema de impartición de justicia, ambos fundamentados en su religión politeísta y sus arraigadas tradiciones; también, se ponderan las propuestas de reforma que fueron sugeridas a las autoridades virreinales, como el nombramiento de jueces ilustrados, con el fin de mejorar la administración de justicia de la época. Después se aborda la lucha por la igualdad en la impartición de justicia como objetivo de la insurgencia y el intento por cambiar la justicia del antiguo régimen español por una inspirada en el liberalismo francés, que se plasmó en la Constitución de la Monarquía Española del 19 de marzo de 1812. Asimismo, se trata el tema de la formación de conciencia de la mexicanidad, para lo cual se hace referencia al inicuo trato que se daba a los justiciables indígenas y españoles criollos, así como a la constante falta de acceso de los mexicanos a las instancias de justicia. A manera de muestra, se agrega el testimonio de fray Servando Teresa de Mier, quien narra que las condiciones de corrupción en las que se impartía justicia en la Nueva España eran peores que las de España. Por último, se alude a los trabajos para instalar el Supremo Tribunal de Justicia en Ario en 1815 y a la implantación de otros tribunales de justicia cercanos al pueblo. En ese sentido, se estudia el proceso de transformación de la impartición de justicia de desigualdad a la constitucionalización de la justicia de igualdad, independiente, pronta y gratuita, con énfasis en las aportaciones que hizo el Supremo Tribunal de Justicia durante su funcionamiento para impartir justicia igualitaria en la América mexicana; finalmente, se detallan los asuntos que atendió la Junta Subalterna, en Taretán y Jaujilla.