La "virtud suprema" del arte de la ficción, según lo entiende James, consiste en crear "la ilusión de la vida": en producir, no meramente reproducir, "el aire de la realidad" mediante la máxima "solidez de especificación". Sin menoscabo de su naturaleza originaria de artefacto, una novela lograda "es un ser vivo, uno y continuo, corno cualquier otro organismo".