Paulo decide retirarse del mundanal ruido y para hacer penitencia y vivir como ermitaño, con la intención de asegurarse la salvación eterna. Atormentado aun así por las dudas y tentado por el demonio, viaja a Nápoles para conocer a Enrico, un pícaro bandolero. Perdida la esperanza, seguirá sus pasos hasta perder el alma.