En uno de sus viajes a México, mientras paseaba por San Jacinto, Edna se enamoró de un pequeño cuadro en el que aparecía un niño con sombrero de copa y tres cerdos, uno encima de otro. En ese momento, nació la historia de Frido, de su abuelo y los personajes variopintos que dan vida a esta novela que se lee como si fuera un clásico.