Colorear un mandala deteniéndose sobre cada esperanza d-ayuda a focalizar la conciencia del propio ser. Aunque requiere de tiempo y paciencia, lo extraordinario reside en el hecho de que al hacerlo las personas desarrollan una comunicación directa con su parte sana y logran eludir la voluntad autodestructiva de una enfermedad como el cáncer. Así, se presenta como un instrumento que persigue curar, no la enfermedad, sino a la persona enferma.