Jaime Echeverri consigue lo que todo escritor busca: decir más con menos. Su economía en el lenguaje no pone en riesgo las ideas y, por el contrario, llena el silencio de las palabras sobrantes con imágenes sugestivas que perfeccionan lo no dicho. Sus textos, cargados de ingenio, sorprenden al lector con finales contundentes que dejan la placentera sensación de estar frente a un autor que recorre con habilidad y precisión los inestables caminos de la escritura.