«Yo os lo contaré tal como pasó por los años de 1390. El Conde don Lope de Artal vivía regularmente en Zaragoza, como que siempre estaba al lado de Su Alteza. Tenía dos niños: el uno que es don Nuño, nuestro muy querido amo, y contaba entonces seis meses, poco más o menos; y el mayor, que tendría dos años, llamado don Juan. Una noche entró en la casa del Conde una de esas vagamundas, una gitana con ribetes de bruja y, sin decir una palabra, se deslizó hacia la cámara donde dormía el mayorcito. Era ya bastante vieja...»