Siempre hay alguien más pequeño que nosotros. Esto lo podemos tolerar, o que se trate del antipático de nuestro hermanito, quien nos quitó el puesto y la atención de mamá. En cambio, el verdadero problema es que la mayoría de las personas son, o al menos eso parece, más grandes que nosotros, y esto nos hace sentir como moscos en leche y nos llena de miedos. El peor de todos, que a veces nos deja paralizados como estatuas o nos obliga a hacer trampa, es el miedo a equivocarnos, a quedar mal y vernos como tontos, a que nuestros compañeros o los más grandes se burlen de nosotros. Es tan difícil de sobrellevar que incluso nos quita el gusto por la diversión.