En esta metáfora orgánica de la nación, en la que la nación se transmuta en la figura física de una mujer con todas sus cualidades (maternidad, vulnerabilidad, fertilidad), los cuerpos de las mujeres vendrán a desempeñar un papel central en el imaginario político, y el control de esos cuerpos se torna en herramienta esencial del biopoder del régimen para la consecución de sus fines totalitarios.