Vivimos tiempos de incertidumbre, en los que la eclosión de las corrientes posmodernas que cuestionan la racionalidad y toda una tradición que nos antecede parecen disolver la conciencia histórica conduciéndonos irremediablemente a una crisis de lo político. Ello supone caer en un relativismo extremo y en el escepticismo que llevan a los intelectuales a desconfiar de la mejor herencia ilustrada y de los frutos de la razón, a impugnar el carácter científico de las Ciencias Sociales y las Humanidades, a convertir la Historia en mero relato literario, incapaz de producir conocimiento veraz y objetivo. Francisco Erice analiza en estas páginas tales excesos.