EN POS DE LA MEMORIA : LA LUCHA CONTRA EL ALZHEIMER

EN POS DE LA MEMORIA : LA LUCHA CONTRA EL ALZHEIMER

Editorial:
EL VIEJO TOPO
ISBN:
978-84-16995-95-0
Páginas:
346
Clasificación:
INTERES GENERAL
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En un solo día, la sangre humana recorre unos 96.000 kilómetros de capilares, venas y arterias, suficientes para dar cuatro veces la vuelta al mundo. Pasa por todos los órganos del cuerpo, pero un cuantioso 25 por ciento de su volumen circula exclusivamente por el cerebro. ¿Por qué? Porque está haciendo mucho más que transportar oxígeno. Además de glóbulos rojos y glóbulos blancos, la sangre transporta más de 700 proteínas en su plasma, la parte fluida de la sangre. Lo que hacen muchas de estas proteínas nos es completamente desconocido. Pero igual que todo lo demás, cambian a medida que envejecemos: algunas desaparecen y otras aparecen más. ¿Qué influencia, pues, se preguntó Wyss-Coray, podían tener estos cambios en el cerebro, y cómo podían afectar a la memoria?

Buscando respuestas, Wyss-Coray empezó a utilizar plasma sanguíneo de ratones jóvenes. Primero organizó un único tipo de laberinto de agua que comprueba la memoria espacial. Conocido como el laberinto acuático de Morris, consiste en que el animal es puesto en una pequeña piscina circular y solo puede escapar nadando en círculo hasta que recuerda la ubicación de una pequeña plataforma oculta bajo el agua. Normalmente un ratón joven encuentra la plataforma muy pronto, mientras que los animales más viejos tienen problemas para recordar dónde está la plataforma y tardan más en encontrarla (es un poco como tratar de encontrar el coche en el parking congestionado de un gran supermercado). Curiosamente, cuando Wyss-Coray inyectó plasma joven en ratones viejos, estos mejoraron su actuación en el laberinto de Morris casi tanto como los ratones jóvenes.

Envalentonado, Wyss-Coray pasó a investigar lo que sucedía a nivel celular. En los mamíferos, especialmente en los humanos, el aprendizaje y la memoria están asociados con los circuitos cerebrales del córtex cerebral y el hipocampo. El número y la intensidad de las células en estas regiones determinan esencialmente lo buenas que son estas facultades cognitivas. Y así, después de realizar la parabiosis en pares de ratones –uno joven y otro viejo–, Wyss-Coray hizo que su equipo tiñese unas finas láminas de su tejido cerebral con un colorante que se une a las neuronas recién nacidas. Sorprendentemente, los ratones más viejos tenían de tres a cuatro veces más neuronas nuevas en su hipocampo que sus parejas más jóvenes. Es más, los ratones jóvenes mostraban el efecto contrario, exhibiendo en cambio una cierta atrofia de nuevas neuronas. Wyss-Coray decidió centrarse luego en el giro dentado, un área del hipocampo que regula la formación de nuevos recuerdos. Lo que descubrió le dejó perplejo. Las neuronas en los ratones más viejos estaban generando más sinapsis y mostrando una LTP intensificada. Su capacidad de recordar estaba mejorando. Y una vez más, los animales más jóvenes mostraban el efecto contrario.

¿Por qué sucedía esto? Sospechó que tenía algo que ver con la forma en que nacen las neuronas en el cerebro adulto. En el cerebro en desarrollo, el nacimiento de nuevas es muy activo. Durante un tiempo se creía que la neurogénesis estaba restringida al embrión, hasta que en los años ochenta la investigación demostró que también tenía lugar en los adultos mediante una población de células madre adultas conocidas como células madre neurales. El hipocampo es una de las pocas regiones cerebrales donde residen los criaderos de NSC. Resulta que estos criaderos están muy cerca de los vasos sanguíneos. Y esto dio que pensar a Wyss-Coray.

¿Qué contenía, pues, la sangre, para producir unos efectos anti-neurogénesis tan profundos? Para averiguarlo, comparó más de sesenta proteínas sanguíneas diferentes de ratones jóvenes y ratones viejos, y hubo una proteína que sobresalió respecto a las demás. La llamó eotaxina y era mucho más abundante en los animales viejos. Pertenecía a una familia de moléculas conocida por tener un papel en el desarrollo cerebral y, extrañamente, en el asma. Aparte de esto, pocas cosas más se conocían de ella. Para descartar la posibilidad de que un incremento de eotaxina fuese inocuo, Wyss-Coray inyectó la proteína en ratones jóvenes y obtuvo el mismo resultado: un descenso de la neurogénesis, una reducción de la LTP, una mejora del aprendizaje y de la memoria en el laberinto acuático.

Esto fue el año 2011, y el resultado parecía demasiado bueno para ser cierto. Efectivamente, cuando el grupo presentó por vez primera su trabajo para su publicación, los editores lo rechazaron precisamente por ello. Después de esto los científicos estuvieron un año repitiendo los experimentos en otro laboratorio. Y una vez más, los datos verificaron la hipótesis. Así pues, el año 2012 Wyss-Coray empezó a investigar lo que sucedía a nivel genético