"La obra de cualquier escritor, y en especial la de los autores consagrados, debe ser leída con espíritu crítico, sin ningún tipo de inhibiciones, o supersticiones literarias. La actitud reverencial es ciega; no admite la pluralidad de lecturas y de significados; fomenta la obsecuencia; sacraliza al escritor y lo convierte en placa recordatoria, estatua, nombre de calle o avenida. De ahí que el título del libro proponga, en cierta modo, la saludable práctica de la irreverencia para con todo, incluso la ortografía".