Sin duda, demasiados niños resultan maltratados por la escuela. Con toda seguridad, los estudiantes del liceo tienen razones para quejarse. Es cierto, el sistema educativo, ese paquidermo, sólo se mueve con lentitud. Evidentemente, falta dinero. No importa: sobre el terreno, las cosas se mueven. Es posible. Un poco por todas partes en Francia, en todas las escalas, los pedagogos decidieron trabajar de una manera diferente, para guiar más jóvenes hacia los conocimientos. Desde hace varios años, a fuerza de ensayos y de errores, ajustancolectivamente sus métodos, hacen el balance, vuelven a partir. Y todo esto con ciscreción, sin financiamientos excepcionales, a pesar de todas las administrativas.Caterine Bédaria slaió al encuenteo de estas invocaciones. Después de una larga prospección, aligió cinco lugares. una escuela primaria parisina, un colegio en un suburbio obrero de Grenobel, un liceo técnico y personal en la ciudad industial de Oyonnax, otro liceo, general, cerca de Canea una unaivercidad científica marsellesa. En cada uno de los casos,los docentes,y su encuadernamiento decidieron, contandolo solamente con ellos mismos,coordinar sus ezfuersos,analizar las dificultades de los jóvenes para tratarlas mejor,evaluar los resultados. En una palabra,negarce a aceptar la fatalidad del fracaso escolar. Y los resultados son elocuentes: mejor rendimiento de los alumnos, mayor satisfacción de los maestros.Ni Catherine Báderida ni sus interlocutores nos cuentan un cuento de hadas. No se propone aquí modelos,sino narraciones de aventuras escrupulosamente referidas. La aventura de una escuela que -por fin- hace escuela.