Andrés Henestrosa recoge en esta obra seis decenas de corridos; algunos de ellos son versiones que muestran la paulatina deformación de los textos en voz del pueblo, cuando éste lo honra con su aceptación. En su mayoría de autores anónimos y no pocas veces colectivos, estas notas literarias populares y realistas descendientes del romance español, trascendieron las generaciones para convertirse en uno de los sellos de la nacionalidad mexicana, entre otros, Delgadina, Doña Elena y el francés; La soldadera, La Martina, El desertor, El chinaco; Román Castillo, Corrido de Cananea; La máquina loca, La toma de Zacatecas y el Corrido del teniente coronel Norberto Ávila