El crecimiento sin precedentes de la pobreza, de la desigualdad, de diversas manifestaciones de exclusión social, de grandes amenazas globales a la vida humana y al planeta, son principalmente signos del predominio de una economía de mercado que pone en el centro/eje de las propuestas económicas y de desarrollo al capital, y no al ser humano. El carácter nortecéntrico y unipolar del proceso actual de globalización implica y promueve una universalización, bajo la forma de homogenización, de la sensibilidad cultural de la producción y reproducción de las sociedades centrales, o al menos de sus élites.