El libro pretende identificar algunos de los espacios de influencia más significativos en función de los cuales la práctica de la evaluación académica cobra vigencia, actualidad y relevancia en el contexto de la educación superior mexicana. En el texto se indica que en nuestro país, las prácticas de evaluación han adquirido rasgos particulares debido a la relación que tienen, por un lado, con las estructuras y formas de organización institucionales y, por otro, con las modalidades propias del poder político detentadas tradicionalmente por las instancias del gobierno.