Hay casi tantos modos de leer un texto como lectores que se enfrenten a él. Sin embargo, con los textos considerados sagrados se produce una extraña paradoja: Si bien son obras de una influencia incuestionable en el arte y la vida de todas las épocas, incluso de nuestro tiempo, apenas ha habido espacio para una lectura que se apartara del dogma, lo que, como consecuencia, se refleja en unas traducciones acartonadas y apegadas a una interpretación unidireccional. En buena medida, el afán de Mira de acabar con esta situación es la que le ha llevado a afrontar el reto de traducir del griego algunos de los textos bíblicos más importantes.