Los exaltados, única obra de teatro escrita por Robert Musil, muestra la gran capacidad de este autor para adentrarse en los más temibles rincones del alma, así como su elegancia y precisión narrativas, esta vez desplegadas en el campo de la dramaturgia. Un poco al estilo de su monumental obra, El hombre sin atributos, Musil consigue explorar y diseccionar los elementos más profundos y sutiles del espíritu humano y sus complejidades mediante una trama rica pero sencilla, tejida en torno a las vicisitudes y reflexiones de los personajes principales, en cuyo microcosmos se encuentra contenida y representada una amplia gama de pasiones y sentimientos que han aquejado a los seres humanos a lo largo de los tiempos. Toda la acción transcurre bajo el mismo techo, escenario en el que se desarrolla un continuo y por momentos velado duelo entre los antagónicos Anselm y Thomas, en el que la mujer y la hermana del último, María y Regine respectivamente, son tanto víctimas como copartícipes del drama que se gesta, al igual que el egregio Josef, esposo en turno de Regine, y el misterioso y racional detective Stader, cuyo implacable ojo amenaza con poner al descubierto os punzantes secretos que unen y contraponen a los habitantes de la casa. A través de todos ellos, Musil roza temas de gran vigencia y universalidad como la endogamia, el incesto y el peso de la culpa que generala memoria de un amante muerto. Como lo considerara en su momento el propio Musil, Los exaltados está al nivel de sus grandes obras literarias y es un referente indiscutible para aquellos lectores interesados en la obra y el pensamiento de uno de los más grandes escritores de la historia de la literatura.