La Naturaleza, por tanto, considerada con respecto a su existencia determinada, por la cual es precisamente Naturaleza, no debe ser divinizada, ni hay que considerar y presentar ni el sol, la luna, los animales, las plantas, etcetera, como obras de Dios, con preferencia a los hechos humanos. La Naturaleza, considerada en si, en la idea, es divina; pero en el modo en que es, su ser no se corresponde con su concepto; es, por el contrario, la contradiccion no resuelta. Su caracter peculiar es este mismo: el ser puesta, el de ser negacion; y los antiguos concibieron, en efecto, la materia en general como el non-eus. Asi la Naturaleza ha sido tambien definida como la caida de la idea desde si misma, porque la idea, en esta forma de exterioridad, es inadecuada a si misma. Solo a aquella conciencia que es ella misma inicialmente exterior y, por consiguiente, inmediata, se le aparece la Naturaleza como lo primero, lo inmediato, como ente. Pero como quiera que tambien se encuentra en el elemento de la exterioridad, la Naturaleza es presentacion de la idea, por lo que ciertamente se puede y se debe admirar en ella la sabiduria de Dios.