La imagen más extendida de Chéjov como maestro de la melancolía ha eclipsado a menudo su talento para la comedia —algo que, a juzgar por sus desacuerdos con Stanislavski, él mismo no habría aprobado—. Sin embargo, el humor, la ironía y las situaciones equívocas atraviesan buena parte de su obra.
En «Mercancía viva» (1882), un marido sorprende a su mujer con su amante y acepta un arreglo económico de consecuencias insospechadas; en «Flores tardías» (1882), la decadencia de una familia aristocrática se entrelaza con el amor ciego de una princesa por un médico de origen servil. Más cercano al Chéjov «clásico», «Mi mujer» (1892) despliega con maestría el punto de vista para revelar, poco a poco, la transformación moral de su protagonista; mientras que en «Un asesinato» (1892), los conflictos religiosos y familiares desembocan en una tragedia narrada con precisión y sin artificios.
Flores tardías y otros relatos reúne cuatro piezas poco antologadas que muestran la amplitud y la sutileza de uno de los grandes maestros del cuento, y completan de forma imprescindible su obra breve.