Al término de la Segunda Guerra Mundial se creó el Tribunal Penal Internacional, con el objetivo de castigar a los responsables de crímenes contra la humanidad. De esta manera, también surgió el Derecho penal internacional. Al principio, sus bases eran las mismas que las del Derecho internacional; posteriormente, los tribunales establecidos en la década de 1990 aplicaban su propio estatuto, pero seguían utilizando las de éste.