La función lúdica del sujeto es un constructo epistemológico para interpretar esa dimensión del ser humano relacionada con la imaginación y la fantasía, recreada de múltiples formas simbólicas en el arte, el folclor y la cultura cotidiana.
El estudio del fenómeno lúdico se estructura en tres niveles, que indistintamente se desarrollan a lo largo de los capítulos del texto. En un primer plano se identifican las características esenciales de las prácticas lúdicas. Es el plano de lo empírico y objetual del conocimiento susceptible de clasificación y conceptualización, a partir de las propiedades que caracterizan a todas aquellas manifestaciones culturales que proporcionan recreación a la conciencia de los sujetos, como las expresiones artísticas, folclóricas, las competencias, las grandes fiestas o carnavales y el juego propiamente dicho. En un segundo plano se interpretan los equivalentes de la racionalidad de las prácticas lúdicas. Estas se estructuran en un sistema de representaciones simbólicas y se manifiestan en imaginarios, culturales, rituales y una normatividad o sistema de reglas y valores. En el tercer plan se sitúa la función lúdica del sujeto.