El gabinete de un aficionado es una novela sobre cuadros. Está llena de cuadros, porque habla de un cuadro que está lleno de cuadros: el "Gabinete de un aficionado", de Heinrich Kürz, pintado por encargo de Hermann Raffke, un millonario empresario cervecero, y que retrata a dicho millonario admirando su colección privada. Como a su vez el propio "Gabinete" aparece reflejado en el cuadro, ya tenemos montada la típica estructura de mise en abyme que tanto gusta a los escritores juguetones: el cuadro contiene una versión más pequeña de sí mismo, y esa versión a su vez contiene otra versión más pequeña, y así hasta el infinito.