La mayoría de las personas están convencidas de que con los años se deteriora la memoria, la capacidad de concentración disminuye y la agilidad mental se resiente. Y, como si fuera poco, piensan que ese es un proceso irremediable, como el de las arrugas. Falso de principio a fin. Hay que sacar el cerebro a pasear y ponerlo a funcionar. Y cuando se trata de ejercicios sencillos, de prácticas saludables y de hábitos que pueden incorporarse con facilidad a la rutina diaria, no hay justificación alguna para echarle la culpa de los achaques mentales a los años. Hasta el último día se puede disfrutar de memoria, concentración y agilidad mental. Depende de cada uno.