Durante los últimos treinta años del siglo XX el gobierno mexicano disputó una guerra burocrática que lo llevó dando bandazos. Entre los abogados y los economistas hubo severas discrepancias por lograr la supremacía táctica y determinar quién tendría la mejor fórmula para llevar a México hacia la modernidad y transformarlo de país subdesarrollado a nación del primer mundo. El gobierno de José López Portillo se negó a formar parte del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio, para que seis años después el gobierno de Miguel de la Madrid signara el ingreso de México a ese instrumento internacional. El gobierno de Carlos Salinas de Gortari mostró su disposición para firmar un Acuerdo de Libre Comercio con Canadá y Estados Unidos lo que determinó que en menos de diez años México pasara de ser una economía cerrada a una economía abierta mostrando la adaptación mexicana a las nuevas circunstancias políticas y económicas.