«La reelaboración mitológica de Ovidio es tan hermosa, tan sagaz y tan profunda, que nunca resta fuerza o belleza a los originales que la sustentan. Al contrario: sus aportaciones poseen tal elocuencia que enriquecen los relatos con las voces, a veces poco escuchadas, de algunos protagonistas. Como muestra un botón de oro: la carta con la que abre las Heroidas la escribe Penélope a Ulises y éstos son los primeros renglones: “Soy yo, tu Penélope, quien te envía esta carta, ¡oh tardo Ulises! Pero no vayas a escribirme a tu vez: sé tú mismo la respuesta”.
La temperatura emotiva de las cartas es, pues, altísima y Ovidio echa mano de todos los recursos retóricos para hacernos entender y sentir lo que las protagonistas sienten. El paisaje mismo es partícipe: las tempestades, las montañas, los ríos. Pero el hechizo de las Heroidas es tan potente porque no está compuesto sólo de arte poético: la vigencia de las Heroidas también se debe a la capacidad de Ovidio para imaginar el corazón de estas mujeres y algunas de sus parejas.»