A través de una narración en una secuencia cronológica en la que lo anterior explicaba lo que venía a continuación, con un principio y un fin, siempre diferente del inicio, se había expresado una historia lineal que entrelazaba la realidad con el mito, la genealogía con el favor y parentesco de los dioses, las acciones militares con las proezas heroicas y la protección divina, el mando con las dotes y destinos sobrenaturales, el personaje y su vida con la intervención milagrosa. Esta tradición, siempre expresada literariamente, ofrecía una gran dificultad para deslindar ficción de realidad, además no lo pretendía, aunque sus letras recogieran hechos reales y análisis improvisados. Entonces, historia y literatura no eran ámbitos ajenos entre sí.